La piedra moabita
La piedra moabita o Estela de Mesha
La Piedra Moabita, también conocida como la Estela de Mesha, es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes para el estudio histórico del Antiguo Testamento, ya que proporciona un testimonio extrabíblico directo sobre los conflictos entre Israel y Moab en el siglo IX a. C. Se trata de una estela de basalto negro erigida por el rey Mesha de Moab alrededor del año 840 a. C., y fue descubierta en 1868 en Dhibán, la antigua Dibón, al este del mar Muerto, en la actual Jordania.
La inscripción, escrita en lengua moabita —muy cercana al hebreo antiguo—, relata las victorias militares de Mesha contra el dominio israelita. En ella, el rey afirma que Moab había estado sometido durante muchos años al reino de Israel, gobernado entonces por la dinastía de Omrí, pero que logró liberarse gracias a la ayuda de su dios Quemós. Este relato coincide de manera notable con lo narrado en 2 Reyes 3, donde se describe la rebelión de Mesha contra el rey Joram de Israel tras la muerte de Acab.
La estela menciona explícitamente a Omrí, rey de Israel, y a su casa, confirmando la existencia histórica de esta dinastía israelita desde una fuente extranjera. También nombra varias ciudades y territorios conocidos por la Biblia, como Atarot, Nebo y Yahaz, lo que refuerza la autenticidad geográfica del relato bíblico. Además, el texto refleja una visión teológica propia del mundo antiguo, en la que las victorias y derrotas militares se atribuyen a la acción de las divinidades nacionales, un enfoque que coincide con el lenguaje y la cosmovisión del Antiguo Testamento.
Un aspecto especialmente relevante de la Estela de Mesha es que presenta el mismo conflicto descrito en la Biblia, pero desde la perspectiva del enemigo de Israel. Mientras el texto bíblico enfatiza la intervención divina de YAHVEH y el dramático desenlace del enfrentamiento, la estela exalta el triunfo de Mesha y la supremacía de Quemós. Esta diferencia de enfoque no contradice el valor histórico del relato bíblico, sino que ilustra cómo los acontecimientos eran interpretados de manera distinta por cada bando, algo común en las fuentes antiguas.
Desde el punto de vista arqueológico, la Piedra Moabita es fundamental porque demuestra que los relatos del Antiguo Testamento se desarrollan en un contexto político real, con reyes, pueblos y conflictos históricamente verificables. El hecho de que un texto moabita confirme la existencia de Israel como potencia regional y mencione a sus reyes proporciona una corroboración independiente de gran valor histórico.
Para una perspectiva cristiana, este hallazgo refuerza la comprensión de la Biblia como un documento arraigado en la historia y no como una narración mitológica desvinculada de la realidad. La Estela de Mesha, al igual que otros testimonios extrabíblicos, no pretende validar la teología bíblica, pero sí confirma que los personajes y escenarios descritos en las Escrituras pertenecen a un mundo histórico concreto. De este modo, la Piedra Moabita se presenta como una evidencia arqueológica clave que aporta solidez al trasfondo histórico del Antiguo Testamento.
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